Dos derechos en cada tema
Un tema grabado es dos cosas a la vez. El máster es la grabación en sí: el archivo de audio, la interpretación, la mezcla. La composición es la obra que está debajo: las notas, la estructura, el arreglo, se haya escrito en papel o no. Cada uno tiene su titular y cada uno se licencia por separado.
Si escribiste la pieza y la grabaste solo en tu cuarto, tienes las dos. Si un sello pagó la grabación, puede ser dueño del máster mientras tú conservas la composición. Si compusiste con alguien, la composición es compartida. Casi toda la confusión sobre derechos musicales viene de no separar esas dos cosas.
Nada en esta guía es asesoramiento legal. Cuando hay dinero de por medio, lee el papel o pregúntale a alguien que se dedique a esto.
La edición, y qué hace una sociedad de gestión
La edición es el lado de negocio de la composición: registrar obras, licenciarlas y cobrar lo que generan. Puedes ser tu propio editor, que es lo que hace la mayoría de los artistas emergentes, o firmar con una editorial.
Una sociedad de gestión es la entidad de tu país que recauda regalías de ejecución cuando las composiciones suenan en público y las paga a quienes están registrados. SADAIC en Argentina, SACM en México, SAYCO en Colombia, SGAE en España, ASCAP y BMI en Estados Unidos. Algunos países tienen entidades separadas para intérpretes y para productores fonográficos.
Afiliarte es tu decisión. La solicitud de Música Para Trabajar solo te pide confirmar que la música es tuya para licenciar; no pregunta si perteneces a una sociedad.
ISRC, ISWC e IPI: tres identificadores
Tres códigos aparecen en casi toda licencia, y son fáciles de confundir.
- El ISRC identifica una grabación. Uno por máster. Normalmente lo emite tu distribuidora o la agencia de ISRC de tu país.
- El ISWC identifica una obra, la composición. Uno por pieza, existan las grabaciones que existan. Se emite por tu sociedad de gestión al registrar la obra.
- El IPI te identifica a ti como autor o editor. Uno por persona, asignado al afiliarte a una sociedad.
No necesitas los códigos para postularte
Ninguno de los tres se pide en la solicitud. Los vas a querer el día en que una marca pida licenciar un tema, porque del otro lado el papeleo arranca por esos códigos. Conseguirlos temprano cuesta poco y ahorra una semana después.
Los splits tienen que sumar 100
Si más de una persona escribió o produjo un tema, la composición y a veces el máster son compartidos, y esas partes se llaman splits. Acuérdalos por escrito antes de que el tema vaya a ningún lado: quién, en qué rol (autor, compositor, intérprete, productor, editor) y qué porcentaje. Los porcentajes de cada lado tienen que sumar exactamente 100. Los tercios valen como 33,33, 33,33 y 33,34.
Un split acordado de palabra y nunca escrito es la razón más común de que una licencia se trabe, porque quien compra no tiene forma de saber quién tiene que firmar.
Los samples y qué bloquean
Un sample es la grabación o la composición de otra persona dentro de la tuya. Si está licenciado, guarda el papel. Si no lo está, el tema no se puede licenciar a nadie, por chico que sea el sample. Los usos de sincronización y publicidad en particular necesitan másters limpios.
Si trabajas con packs de samples, revisa la licencia que vino con el pack. La mayoría de los packs libres de regalías permite el uso en tus propias grabaciones, pero lee la línea sobre reventa y sincronización.
Exclusividad: los acuerdos que limitan qué puedes licenciar
Un contrato con un sello, uno de management, uno de booking o uno de edición pueden darle a otra persona voz sobre cómo se usa tu música, en algún territorio y por algún tiempo. Eso es normal y muchas veces está bien. Lo que importa es saber qué firmaste.
Antes de ofrecer un tema para cualquier licencia, revisa si un sello es dueño del máster, si una editorial controla la composición, y si alguna cláusula de exclusividad cubre ese uso y cuándo vence. Si nunca firmaste nada, estás libre, y esa libertad vale la pena cuidarla.
La declaración jurada, y conservar todos los derechos
Cuando envías una solicitud confirmas que la música es tuya, o que tienes los derechos, y que puedes licenciarla a Música Para Trabajar. Estás diciendo que es cierto, y eres responsable si no lo es. Las licencias a terceros funcionan igual, con más detalle: titularidad del máster y de la composición, splits, samples, exclusividad. Tener esos datos escritos tema por tema, aunque sea en una planilla, es lo que convierte un pedido de licencia de una semana de correos en una tarde.
Postularte no te cuesta nada en derechos. Conservas el máster y la composición. Cómo se usa tu música en las sesiones y cómo te pagan queda escrito en un contrato de artista antes de que suene nada. Lo que hagas con los mismos temas en otro lado, en otras plataformas o con un sello más adelante, depende de ti y del papel que firmes ahí.
Por los curadores de Música Para Trabajar